LA QUIJADA DE ASNO DE TRUMP

La política de «demolición» del segundo mandato de Donald Trump encuentra en América Latina y el Caribe su expresión más abierta, al asumir a la región como un espacio bajo su dominio exclusivo. La Estrategia de Seguridad Nacional de 2025 formalizó este enfoque al anunciar la aplicación estricta de la Doctrina Monroe mediante el denominado «corolario Trump», reviviendo la lógica del «Gran Garrote» descrita por José María Vargas Vila e imponiendo de nuevo la primacía estadounidense en el hemisferio.

El punto culminante de esta doctrina se manifestó con la captura de Nicolás Maduro mediante una incursión militar de Estados Unidos en Venezuela. Esta acción fue respaldada explícitamente por el secretario de Estado Marco Rubio y la Casa Blanca bajo la premisa de que el hemisferio occidental constituye su área de influencia directa, en la cual no se tolerará la presencia ni la consolidación de adversarios, competidores o rivales geopolíticos.

A pesar de haber consistido en un despliegue de corta duración, el alcance de la operación militar fue decisivo. Estados Unidos recurrió al uso de la fuerza para remover al mandatario de una nación soberana, incidir en su proceso de transición política y colocar sus recursos estratégicos bajo supervisión Washington. De este modo, la doctrina de la esfera de influencia se consolidó como principio rector de acción, mediante el cual la administración estadounidense se atribuye la facultad de dictar la legitimidad de los gobiernos, alianzas y dinámicas de la región.

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