Las Balas No Son El Camino. El Cañón Del Micay (Testimonio)

Hablamos de El Plateado porque ha sido una de las obsesiones recientes de las operaciones militares en el Cauca, y hacer lo supone referirnos al mismo tiempo a una porción del Micay, a una subregión del sur occidente y a la región del Pacífico, en un mundo multipolar en que las nuevas fases de acumulación del capital están basa das en la explotación del subsuelo y el espacio geográfico. Nuestro hoy parece renovado del pasado. Estructuralmente nada cambia, aunque seguimos creyendo en un programa del cambio autocrítico y basado en el poder creativo popular y civilista, hoy ahogado por los ejercicios de la fuerza. El cambio en el que creemos es la palabra, caminamos en ella; y al mismo tiempo era la estrategia para priorizar lo civil sobre lo militar, y transformar lo militar en cuanto a sus estructuras mentales y a sus estrategias separadas del aparato judicial, para asegurar el acuerdo civilista.

Hoy nuestra subregión se encuentra so metida a un reordenamiento definido desde el mundo global, del que a veces somos pocos conscientes, como la mayoría de los pobladores de los municipios de López de Micay, Argelia, El Tambo y Balboa. Esa condición geopolítica nos implica a las organizaciones y comunidades, a cada uno de los pobladores, y también a las propias dinámicas armadas y sus organizaciones irregulares y regulares.

El narcotráfico es un asunto del capital global, del cual somos el eslabón más débil de la cadena, que además de ser tratado desde una perspectiva militarista, debería serlo des de la visión de la justicia social y ambiental. Ese síntoma de injusticia sigue ahí, al lado de una minería media que podría estar abriendo el camino al poder multinacional extractivista.

En ese escenario histórico y estructural se ha asentado el conflicto armado interno y otras violencias armadas. Las organizaciones sociales, cada una con su visión, hemos construido planes y proyectos que alientan esperanza, opacada por la vanidad, los egos que nacen de diferencias y de dolores encarnados sin resolver. Y en ese escenario volvemos al pasado.

La mentalidad militar del enemigo interno y sus imbricaciones en violaciones de derechos humanos e infracciones al DIH, su estrategia paramilitar encubierta, y la corrupción por su involucramiento en los cobros de peaje de las economías ilícitas, o en los niveles más altos de las operaciones transnacionales, dadas las ventajas de ser parte de la institucionalidad y de su relación con sectores empresariales y políticos, están ahí en la piel de la fuerza con que aseguran ese modelo injusto. No son todos, pero tampoco se trata de manzanas podridas. Esa era nuestra aspiración en un gobierno del cambio. Los militares que comprendieron lo que son nuestras organizaciones y el asunto de fondo de la subregión, fueron “dados de baja” por el establecimiento y su visión limitada, que se mantiene en el tiempo. El cambio sigue pendiente.

 

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4. El desafío del cambio - Web- Cañon del Micay

 

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