Democracia En Disputa: Constituyente Y Consultas Populares

Introducción

En Colombia, el debate sobre la democracia ha adquirido nuevas dimensiones con la llegada del gobierno de Gustavo Petro. A las tensiones tradicionales entre poderes del Estado se han sumado nuevas controversias sobre el alcance y uso de los mecanismos de participación directa como la Consulta Popular y la Asamblea Constituyente, los cuales, amparados por la Constitución de 1991, han sido reivindicados por el Ejecutivo como caminos legítimos para avanzar en una agenda de transformaciones sociales que ha encontrado obstáculos en el Congreso y otras instancias del Estado. Pero, ¿qué democracia está realmente en juego en estas propuestas: ¿Una democracia restringida al voto, o una que busca reconfigurar las relaciones entre Estado y sociedad?

Este artículo propone una lectura crítica de la coyuntura actual, articulando el análisis de las propuestas de Consulta y Constituyente con una perspectiva teórica que comprende el Estado como una relación social (Jessop, 2017), marcado por una historia de exclusión y constituido en una sociedad abigarrada en términos de Zavaleta (Ante zana). Desde esta mirada, los mecanismos de participación directa no son simples herramientas legales, sino campos de disputa sobre el poder, la legitimidad y la transformación institucional.

 

 El Estado en América Latina: entre la apariencia y la sociedad abigarrada

Las teorías tradicionales del Estado lo han concebido como una estructura separada de la sociedad, dotada de instituciones y funciones predefinidas. Sin embargo, Jessop propone una lectura distinta: el Estado no es una cosa sino una relación social, una forma de condensación de correlaciones de fuerza. Su enfoque estratégico-relacional permite entender que lo estatal no es neutral ni homogéneo, sino selectivamente permeable a ciertas demandas sociales y no a otras (Jessop, 2017).

Esta idea se vuelve particularmente útil en América Latina, donde los Estados han sido históricamente “aparentes”, como lo plantea René Zavaleta: es decir, Estados formalmente soberanos, pero sin conexión orgánica con la mayoría de la población. Luis Tapia y otros autores latinoamericanos han desarrollado esta noción para mostrar cómo las exclusiones raciales, territoriales y sociales han marcado el origen y funcionamiento de nuestras instituciones. De ahí que los Estados latinoamericanos sean “esqueletos estatales” sin nación (Thwaites Rey, 2012).

Para comprender esta desconexión, es necesario entender la sociedad que da origen a ese Estado. Zavaleta propone el concepto de formación social abigarrada para describir la coexistencia y articulación desigual de múltiples modos de producción, culturas y racionalidades; abigarramiento que, en Colombia, se expresa en la coexistencia de lógicas comunitarias, economías campesinas, zonas urbanas hiper-conectadas y territorios bajo control armado. Por ello se trata de un Estado construido en medio de esa complejidad, que difícilmente puede operar como un reflejo fiel de lo social: más bien, lo organiza selectivamente, privilegiando unos sectores y marginando otros.

 

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