El gobierno de Gustavo Petro y Francia Márquez representó un cambio importante en la manera de abordar los derechos de las mujeres en Colombia. Por primera vez, un gobierno nacional progresista colocó de manera explícita en el centro de su discurso y de su política pública la igualdad de género, el cuidado, la autonomía económica, los derechos sexuales y reproductivos, y la construcción de paz con enfoque de género. Sin embargo, el balance de este cuatrienio debe leerse con una doble perspectiva: coexistieron avances normativos e institucionales significativos y nuevos programas con la persistencia de prácticas patriarcales, dificultades de implementación, desigualdades estructurales y contradicciones internas dentro del propio Gobierno.
En materia de participación y paridad, uno de los avances más visibles fue la promulgación de la Ley 2424 de 2024, que estableció que al menos el 50 % de los cargos de máximo nivel y otros escalones de la jerarquía estatal deben ser ocupados por mujeres. Este ajuste supuso un paso relevante frente al modelo previo de cuotas, convirtiendo la paridad en un objetivo explícito de la gestión pública. No obstante, la experiencia del periodo evidenció que la sola presencia numérica no garantiza una transformación automática de las relaciones de poder, haciendo indispensable diferenciar entre ocupar un cargo y ejercer un poder normativo y decisorio efectivo, libre de subordinación o violencia política.
El caso de la vicepresidenta Francia Márquez constituyó un ejemplo ilustrativo de esta tensión. Si bien su elección significó un hito histórico en términos de representación política, étnica y social, los retos, tensiones y denuncias que enfrentó durante la gestión demostraron que la inclusión de mujeres racializadas en las altas esferas de gobierno no desmantela por sí sola las dinámicas patriarcales ni el racismo institucional. Esto pone de presente que las estructuras desiguales persisten más allá de la orientación ideológica del gobierno de turno, por lo que los avances normativos requieren acompañarse de transformaciones culturales e institucionales de fondo.