La violencia armada en Colombia: Amenaza terrorista, conflicto armado o guerra por las drogas de uso ilícito
Recientemente, en múltiples espacios de la vida pública nacional encontramos discusiones sobre la existencia o no del conflicto armado en Colombia, en medio de graves violaciones a los Derechos Humanos, infracciones al Derecho Internacional Humanitario (DIH) y luchas de intereses económicos de los diversos grupos armados con fuerte influencia en el orden nacional o regional. Ciertamente, estos debates no son nuevos, pues desde hace décadas existen visiones y narrativas que centran sus debates alrededor de la caracterización de la violencia, para sustentar e implementar estrategias contra ella desde el Estado colombiano y diversos sectores del país.
Por esto es necesario avanzar en esa caracterización en función de la construcción de la paz en el país. En las últimas décadas existen tres visiones de la violencia armada que conllevan di versas comprensiones de la realidad nacional: la primera, que prevaleció con mayor fuerza durante el gobierno de Álvaro Uribe Vélez (2002-2010), conocida como la amenaza terrorista, negó la existencia del conflicto armado interno e identificó como enemigos externos e internos de la patria a todos aquellos que no se ubicasen en la propuesta social, económica y política representada por el gobierno de la llamada Seguridad Democrática; la segunda, históricamente reclamada por diversos sectores políticos, movimientos sociales y defensores de Derechos Humanos, se halla en el reconocimiento de un conflicto armado interno que se expresa en lo social, político y económico, y generó, durante el gobierno de Juan Manuel Santos, la posibilidad de avanzar en los Diálogos de Paz con las antiguas FARC EP; y la tercera, que avanza en su posiciona miento en medio de la tensión interna del gobierno progresista de Gustavo Petro (desde 2022), ha sido identificada como la guerra por las drogas, que se centra en la definición de los grupos armados como grupos de alto impacto y multicriminales asociados al proceso de transformación de la violencia que vivieron los países centroamericanos después de sus procesos de paz, o a las dinámicas de las mafias de Europa oriental en la era postsoviética.
Por ello, es imperativo ahondar en las dimensiones económicas, sociales y políticas del conflicto armado interno, para analizar su persistencia junto a la multiplicidad de intereses que profundizan la disputa por el control territorial, el sometimiento de la población civil y la extensión del proyecto extractivista.
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4. El desafío del cambio - Web- Magdalena