El bienio 2024 2025 ha reconfigurado el mapa global de los derechos humanos. La celebración de más de ochenta procesos electorales en todo el mundo desembocó en la consolidación de gobiernos de derecha y extrema derecha que convirtieron los discursos de odio en una tecnología de poder legítima: una forma de movilizar afectos, crear enemigos públicos y distraer la atención de problemas estructurales como la desigualdad y la corrupción. Y aunque Colombia no se hallaba en ciclo electoral durante el año 2024, no ha sido ajena a esta coyuntura, recibió de lleno esta ola regresiva y la reprodujo en su propia arena política, mediática y legislativa.
En efecto, a pesar de no tratarse de un debate electoral el país experimentó un auge de narrativas regresivas impulsadas desde el Congreso y amplificadas por medios con servadores, y mientras algunos sectores institucionales impulsaron avances normativos, otros promovieron abiertamente propuestas que afectan de manera directa los derechos de las personas LGBTIQ+, así el Ejecutivo y la Corte Constitucional hayan sostenido un ritmo lento pero continuo de expansión de derechos. De este modo, el Congreso y ciertos medios de comunicación han actuado como diques de contención que, bajo la lógica del pánico moral, buscan erosionar conquistas históricas.
El Plan Nacional de Desarrollo y el CONPES: ventanas de oportunidad
Uno de los principales logros estructurales del movimiento social LGBTIQ+ ha sido la inclusión de los derechos de las personas de esa condición en el texto del Plan Nacional de Desarrollo 2022–2026, que por primera vez recoge de manera explícita líneas estratégicas para su garantía con enfoque diferencial e interseccional. Este reconocimiento en el documento de planificación más importante del Estado no solo representa un avance político, sino que sienta las bases normativas para la acción presupuestal y sectorial.
En línea con lo anterior, en diciembre de 2024 se aprobó el CONPES 4147, que adopta la Política Pública Nacional LGBTIQ+ como instrumento de largo aliento para la superación de desigualdades históricas, e incorpora me tas de reconocimiento de derechos en salud, educación, justicia, trabajo, participación política y cultura, articulando acciones entre los sectores del gobierno central y los territorios. Su aprobación coincide y se relaciona con otro instrumento estratégico aprobado ese mismo año: el CONPES 4143, correspondiente a la Polí tica Nacional de Cuidados, que reconoce a las personas LGBTIQ+ como sujetas de cuidado y de derecho al cuidado digno. Esta intersección entre ambas políticas constituye un avance significativo, al permitir abordar de manera simultánea los impactos del cis-hetero-patriarcado y la división sexual del trabajo sobre las vidas LGBTIQ+, especialmente en el caso de las personas trans, adultas mayores o en situación de dependencia.
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2. El desafío del cambio - Web- Personas LGBTIQ+